Los monumentos de la candidatura

Los monumentos de la Menorca talayótica son de gran autenticidad y tienen un valor excepcional por la técnica constructiva con la que están hechos, el buen estado de conservación e integridad que presentan, su monumentalidad y la abundancia en que se encuentran, ya que en sólo 700 km2 de superficie hay más de 1.500 yacimientos, dos por km2. De entre todos se han seleccionado los que mejor sintetizan la prehistoria insular, por la cronología, tipología, funcionalidad y por el significado que tienen en el ámbito insular.

 
En Cala Morell, urbanización de la costa norte de Ciutadella, se emplaza uno de los yacimientos arqueológicos más espectaculares de la isla. Lo conforman una gran necrópolis, de diecisiete cuevas artificiales, y un poblado costero habitado durante la Edad del Bronce (1400-1000 a. C.).
El poblado se ubica sobre una zona costera. Está delimitado por una muralla y está formado por trece unidades de habitación. Lo que sorprende es su técnica constructiva, que no es ciclópea como correspondería a las navetas de habitación propias de la época, si no que es a base de pequeñas piedras.
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La cueva de Es Càrritx es una cueva natural situada en el barranco de Algendar. Hoy en día no es visitable debido a sus valores geológicos y arqueológicos. Las visitas solo se pueden hacer por parte de científicos y expertos. Aún así, la cueva es conocida, ya que se encuentra en el camino de paso hacia la cueva Murada. La cueva de Es Càrritx y su contenido se han conservado en buen estado hasta nuestros días gracias a que antiguamente la entrada quedó tapada por un colapso de una gran roca del barranco, que la ocultó.
Se trata de una cueva natural de más de 200 metros de recorrido longitudinal, en la boca de la cual se construyó un muro de grandes piedras con técnica ciclópea. En el primer tramo es donde se ha encontrado una gran cantidad de material arqueológico, que ha dado una valiosa información sobre los hábitos y costumbres de los menorquines prehistóricos, especialmente los relacionados con la muerte y los rituales funerarios. En la cueva se pueden diferenciar hasta siete salas comunicadas entre sí a través de corredores y galerías.
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En el cabo costero de Caparrot de Forma, cerca de la urbanización de Es Canutells, se encuentra una necrópolis formada por 23 cuevas artificiales o hipogeos.
En el yacimiento destaca, sobre todo, una gran muralla, que cierra el cabo costero por su istmo. En el interior se distinguen dos construcciones de planta circular y, bajo un montón de piedras, un pozo de agua dulce. Esta muralla está incluida en la candidatura de Menorca Talayótica a patrimonio mundial.
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El yacimiento de Torre del Ram, en la urbanización de Cala en Blanes, se trata de un hipogeo funerario de la Edad del Bronce. Es posible que estuviera en uso entre el 1700 y el 1400 a. C. Su planta es alargada y prácticamente rectangular. Se accede a través de una entrada en forma de chimenea que da a un corredor escalonado.
En el interior destacan unos grabados que representan, de forma esquemática, tres naves y otras figuras sin identificar. Algunos autores han dado mucha importancia a estos grabados, ya que podrían representar barcos de la Edad del Bronce.
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En Biniai Nou hay dos hipogeos funerarios construidos durante el Calcolítico (2100 a. C.). Ambos hipogeos tienen la particularidad de tener una parte, la cámara, excavada en la misma roca y su acceso o corredor construido por losas verticales y fachada megalítica.
El yacimiento de Biniai Nou tiene la significación especial de haber aportado la datación absoluta más antigua de la prehistoria de Menorca (2290-2030 a. C.), con unos restos humanos que, hasta el día de hoy, son los más antiguos documentados.
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Na Comerma de Sa Garita es un tipo de monumento único en el panorama de la arqueología menorquina. Está formado por un gran recinto de planta absidal, cubierto por grandes losas, que se abre a un gran espacio rodeado por un muro ciclópeo, que originariamente estaría a cielo abierto. El monumento forma parte de la zona arqueológica de Torre d'en Galmés.
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La naveta de Biniac oriental es una naveta funeraria donde se realizaron inhumaciones colectivas entre el Bronce Inicial y el final de la Edad del Bronce (1400-1000 a. C.).
La naveta se levanta sobre un talud. Es de planta circular y su estructura se encuentra a medio camino entre los sepulcros megalíticos y las navetas de planta alargada de cronologías más avanzadas.
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La naveta de Es Tudons es uno de los monumentos talayóticos más emblemáticos de Menorca, por su excelente estado de conservación y por ser las navetas una tipología constructiva funeraria que solo se encuentra en la isla.
De su forma, de nave invertida, toma el nombre de naveta. Está construida con la técnica ciclópea propia de la época, que consiste en el encaje de piedras de medianas dimensiones sin ayuda de mortero. En ella se hacían entierros colectivos, es por ello que durante las excavaciones realizadas se encontraron cien individuos, acompañados de ajuar y ollitas donde se depositaban las ofrendas durante los ritos funerarios.
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El yacimiento arqueológico de Rafal Rubí está formado por dos navetas funerarias datadas entre el Bronce Medio y Final, aunque en la zona se han encontrado materiales que datan del siglo xv, lo cual implica que su uso se alargó hasta la época medieval. Son tumbas colectivas del mismo tipo que la naveta des Tudons pero de dimensiones más pequeñas y con la particularidad de estar muy próximas una a la otra. Ambas tienen una losa perforada de acceso a la cámara interior, que está dividida en dos niveles.
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El yacimiento arqueológico de Rafal Rubí está formado por dos navetas funerarias que datan entre el Bronce Medio y Final, aunque también se han encontrado en la zona materiales que datan del siglo xv, lo que implica que su uso se alargó hasta finales de la época medieval. Su función original era la funeraria, por tanto se trata de navetas de inhumación propias de la época.
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En Cala Morell, urbanización de la costa norte de Ciutadella, se encuentra una de las necrópolis más espectaculares de la isla, formada por un conjunto de catorce cuevas artificiales. Estuvo en actividad como cementerio desde el Bronce Medio hasta el siglo II d. C.
El interior de algunos de los hipogeos más grandes pretendían imitar las casas circulares de la época talayótica. Algunas son de planta simple, otras presentan desniveles o columnas exentas picadas en la misma roca para marcar diferentes espacios o incluso tienen pequeños patios delanteros. El hipogeo más espectacular de todos presenta motivos arquitectónicos clásicos en relieve en la fachada, que imitan modelos de cornisas etruscas y también estelas funerarias púnicas, lo que le daba una marcada personalidad.
A parte de la necrópolis, en Cala Morell, sobre un cabo costero, también se emplaza un poblado pretalayótico.
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Desde la prehistoria hasta la época romana, Calescoves despertó el interés de los diferentes pobladores menorquines. Es por este motivo que se trata de una zona arqueológica de gran valor, por la cantidad e importancia de sus monumentos.
Se conserva una necrópolis, de época talayótica, compuesta por más de noventa cuevas e hipogeos de enterramiento excavados en los mismos acantilados de la cala, un embarcadero también de época prehistórica y un establecimiento costero, delimitado por una muralla prehistórica y un santuario de época romana.
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Son Mercer de Baix es uno de los yacimientos arqueológicos más conocidos de Menorca. El poblado fue habitado entre el Bronce Inicial (1400 a. C.) y el Talayótico (1000 a. C.).
Se trata de un poblado formado por diferentes navetas de habitación, situado estratégicamente en lo alto del barranco de En Fideu (Ferreries).
Entre sus navetas destaca la de la cueva de Es Moro, de planta absidal y que conserva parte de su cubierta. Está sostenida por tres columnas de piedra que tienen la característica de tener una base reducida y de ensancharse a medida que se acercan al techo.
Entre las estructuras presentes en el poblado hay lo que parece, por los restos encontrados, un taller de fundición de bronce, lo que indica que el poblado se dedicaba a la metalurgia de este metal.
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El poblado talayótico de Binissafullet estuvo en uso entre los siglos X a. C. y especialmente durante los siglos IV-III a. C., aunque también se encuentran restos de época islámica que indican que podría haber sido habitado hasta la época medieval.
Binissafullet conserva los elementos característicos de un poblado talayótico: un talayot, un recinto de taula, una sala hipóstila, viviendas, restos de silos...
La taula, el elemento central del recinto, estaba caída hasta que se restauró y enderezó en 1990.
Las diferentes excavaciones han dado mucha información sobre el uso y las actividades que se llevaban a cabo. Los restos de ánforas, de época púnica, que contenían vino, de carne y la presencia de fuego en el recinto de taula indican que se realizaban rituales en relación con la fertilidad de animales, los campos y las personas.
Todos los restos recuperados durante las excavaciones arqueológicas se conservan en el Museo de Menorca.
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El poblado talayótico de Cornia Nou se levanta sobre un roquedal de piedra arenisca, que ha sido objeto habitual de extracción de piedras destinadas a la construcción.
Entre las estructuras que hay a la vista destaca un gran talayot troncocónico, de más de diez metros de altura, y con una imponente escalera al piso superior. A este talayot se adosan otras construcciones, las cuales han sido objeto de excavación por parte de arqueólogos del Museu de Menorca y que han sacado a la luz una gran cantidad de herramientas destinadas al procesado de alimentos. Un hallazgo que nos habla de una sociedad compleja, que incluso tenía cierto grado de jerarquización.
Hay un segundo talayot, de menores dimensiones, que se encuentra adosado a una muralla preexistente. A su lado hay dos grandes cisternas interconectadas y excavadas en la roca.
Además destaca una necrópolis formada por cinco hipogeos funerarios.
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El poblado de Montefí es un asentamiento de época talayótica que se usó hasta época romana. En su momento de máximo esplendor, era uno de los poblados más grandes del entorno cercano al puerto de Ciutadella.
Sus características arquitectónicas y espaciales nos hablan de una población, típica de esta época, estrechamente ligada a la explotación ganadera y agrícola.
El poblado de Montefí tiene la singularidad de no tener recinto de taula, aunque no se debe descartar su presencia dada la destrucción que ha sufrido el poblado a lo largo del tiempo. Contiene los monumentos propios de un poblado talayótico: talayots construidos con la técnica ciclópea, necrópolis de hipogeos, cuevas naturales, silos de almacenaje, depósitos de recogida de agua, etc.
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Sa Cudia Cremada es un poblado de época talayótica que conserva tres talayots, un recinto de taula, un hipogeo o cueva artificial con seis columnas, un pozo y restos de una muralla construida con la técnica propia de la época, la ciclópea.
Los restos del recinto de taula se ubican entre los dos talayots, los cuales son de planta circular. Uno de los talayots conserva un portal en la planta baja que da acceso a un cuarto interior, hoy parcialmente colapsado.
El origen del asentamiento y poblado prehistórico de Sa Torreta se puede situar ya en el Bronce Inicial (1600 a. C.) y fue ocupado hasta la romanización y reocupado en época islámica medieval. Del poblado, actualmente se conserva el talayot, el recinto de taula y diferentes casas. Las excavaciones arqueológicas realizadas han descubierto la base de una naveta funeraria, construida con técnica ciclópea, y restos de casas talayóticas.
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El poblado talayótico de Sant Agustí, en el término de Es Migjorn Gran, es uno de los más monumentales de la isla. Conserva una de las maravillas de la arqueología menorquina: uno de sus talayots aún conserva el envigado de madera de acebuche original, que se ha conservado en buenas condiciones hasta hoy en día.
El poblado de Sant Agustí lo componen dos talayots, un poblado de hasta ocho casas talayóticas y siete construcciones con elementos similares a los recintos de taula, aunque no se conserva la estructura completa de la misma.
Por el material encontrado en el poblado se sabe que estuvo habitado hasta época islámica (siglos x-xiii).
La zona arqueológica de Talatí de Dalt es una de las más emblemáticas de la isla, entre otras cosas por su buena conservación y por su peculiar taula.
Está formada por un poblado talayótico y por su necrópolis de cuevas artificiales. Conserva importantes monumentos y estructuras como cuevas, donde se llevaban a cabo entierros y ritos funerarios, el santuario de taula, tramos de muralla, casas talayóticas o varias salas con columnas y cubiertas de piedra.
Se trata de un poblado de dimensiones medianas, en el cual, en su momento álgido, llegaron a vivir cerca de un centenar de personas. La comunidad que lo habitaba debía ser ganadera y agricultora por los restos de cerámica y fauna que se han encontrado. Su empleo se extiende hasta la época musulmana.
Se trata de uno de los poblados prehistóricos más grandes y espectaculares de Menorca. El momento de máximo esplendor del poblado se produjo durante la expansión comercial púnica y su uso perduró hasta la época medieval.
En él destacan dos talayots, el recinto de taula, una sala hipóstila, algunas cuevas excavadas en el subsuelo y otros restos constructivos que conformaban los lugares de hábitat. La taula y su recinto son los restos más espectaculares de este poblado. Se trata de un edificio de culto, en forma de herradura y con capillas laterales. La taula propiamente dicha está construida con dos grandes bloques de piedra, uno vertical y el otro horizontal, magníficamente elaborados. Durante las diferentes campañas de excavación llevadas a cabo en dicho recinto se encontraron, cerca de un altar de piedra, una figura de un toro de bronce y otros objetos de culto, conservados hoy en día en el Museo de Menorca.
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El poblado talayótico de Torre d'en Galmés, con una extensión de seis hectáreas, es el más extenso de Menorca y uno de los más grandes de las Baleares. El poblado es de gran monumentalidad y conserva una gran diversidad de construcciones de notable calidad.
Se sitúa sobre una colina, desde donde se tiene una perfecta panorámica de buena parte de la costa sur de Menorca. Esta privilegiada ubicación sumado a los tres talayots que tiene hacen pensar a los especialistas que el poblado de Torre d'en Galmés ejercía cierta supremacía sobre el resto de poblados de la isla.
El lugar fue ocupado durante el Bronce Inicial, hacia el 1.600 a. C., y, por los restos encontrados, fue ocupado hasta la época medieval. Su máximo esplendor, lo vivió desde 1.300 a. C. hasta la época romana, llegando a vivir unas 900 personas.
El yacimiento arqueológico de Torre d'en Galmés está formado por un gran número de construcciones, entre las que destacan sus tres talayots, numerosas casas talayóticas de planta circular, el recinto de taula, una sala hipóstila, un sistema de recogida de aguas y hasta cuatro hipogeos que en origen tenían una función funeraria.
La zona está museizada y cuenta con un centro de interpretación muy recomendable antes de la visita.
El poblado de Torrellafuda es de época talayótica y es habitado hasta la época islámica, como indican los restos arqueológicos encontrados. El poblado, situado en un bosque de encinas, se compone de un gran talayot, un recinto de taula, diferentes casas y una necrópolis formada por cuatro hipogeos o cuevas artificiales. También destacan otras estructuras, como son una cisterna de época romana o medieval y tramos de una muralla de tipo ciclópeo.
En uno de los hipogeos se encontró un lote de balas de hondero de plomo de época romana.
El poblado talayótico de Torretrencada, en el municipio de Ciutadella, destaca especialmente por su taula, una de las más espectaculares de la isla. El poblado, de época talayótica, estuvo habitado hasta la Edad Media, como indican los restos cerámicos encontrados en superficie.
Aparte de la imponente taula, que conserva una pilastra en la parte posterior, forman el poblado un talayot, restos del muro que cerraba el recinto, cimientos de posibles casas y diferentes hipogeos.
Trepucó es uno de los poblados talayóticos más grandes de Menorca, con cerca de 5.000 metros cuadrados de extensión. En su origen estaba amurallado. Actualmente sólo se conserva una pequeña parte del asentamiento: algunos tramos de la muralla, dos torres cuadradas, dos talayots, el recinto de taula y algunos restos de viviendas. Estas viviendas son perfectamente visibles en la parte oeste del poblado, gracias a las excavaciones que se realizaron hace años. Se trata de casas polilobulares con un patio central y varias habitaciones periféricas.
El asentamiento fue destruido durante la II Guerra Púnica y su abandono repentino hizo posible que en el momento de la excavación arqueológica saliera a la luz un utillaje doméstico admirablemente conservado, que está expuesto en el Museo de Menorca. 
El talayot más grande y la taula están localizados en el centro de una fortificación en forma de estrella, construida en pared seca durante el siglo xviii por las tropas españolas que asediaron el castillo de San Felipe, en manos británicas.
Es Galliner de Madona es una sala hipóstila de planta semicircular y fachada recta que se apoya en la roca por un lado y a la que se accede por una puerta con dintel monolítico.
En el interior se observan cinco columnas y nueve pilastras de tipo mediterráneo, es decir de base estrecha que va ampliándose a medida que sube al techo.
Unos restos sobre la cubierta de losas hacen pensar que pudiera existir un piso superior.
El yacimiento de So na Caçana es considerado como un conjunto de santuarios, ya que muchos de los recintos documentados en este lugar presentan una tipología arquitectónica que así lo hace pensar a los investigadores. Por tanto, podría tratarse de un centro religioso vinculado a los núcleos de población de esta zona de la isla.
También hay una necrópolis formada por dos cuevas naturales retocadas por el hombre y tres hipogeos.
Su origen se situa en el Bronce Medio y es ocupado hasta la época romana, como lo demuestran restos arqueológicos encontrados en algunos de sus monumentos.
El yacimiento de Son Olivaret se encuentra ubicado dentro de la batería militar del mismo nombre. Se trata de una protonaveta o construcción funeraria, construida hacia el 1600 a. C. (entre el Bronce Inicial y Medio), de planta prácticamente circular. 
Las excavaciones arqueológicas que se han realizado han localizado un interesante conjunto funerario formado por restos humanos, cerámicas y objetos de hueso.
Ses Roques Llises es un sepulcro megalítico construido alrededor del 2000 a. C., entre el final del Calcolítico y el inicio de la Edad del Bronce. Formaría parte de una gran zona arqueológica alrededor del conjunto arqueológico de Torre d'en Galmés.
El sepulcro conserva una cámara de planta rectangular, formada por seis losas. Se accedía a través de un corredor, que daba paso a la cámara a través de una abertura circular en la losa de la fachada. Toda la cámara estaría cubierta originalmente por un túmulo de piedras y tierra que le daría un aspecto semiesférico. De este túmulo aún se conserva el basamento.
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El poblado de Torelló es uno de los poblados más grandes del municipio de Maó, aunque no se puede apreciar en su conjunto, ya que resultó muy dañado por los trabajos agrícolas y la construcción de la cabecera norte del aeropuerto.
De él se conservan dos talayots, restos de una casa talayótica y de un sistema de recogida de aguas, aunque en las fincas aledañas se han documentado más restos de estructuras que evidencian las dimensiones que pudo llegar a tener este poblado. Así, se han localizado cimientos de casas y un par de hipogeos.
Del yacimiento, sin duda, destaca el gran talayot de Torelló, el más espectacular de la isla por su monumentalidad. El talayot, además, tiene la singularidad de conservar un portal con dintel en la parte superior del monumento que da acceso a una cámara de planta circular.
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El asentamiento de Trebalúger está formado por un monumento en forma de torre de grandes dimensiones. Es de planta elíptica y se ubica sobre un saliente rocoso. La excavación de su interior descubrió una casa del Bronce Medio - Final.
El poblado talayótico de Torrellisar se encuentra en el término municipal de Alaior. En él se distinguen diferentes estructuras, entre las que destacan el recinto de taula y dos talayots, los cuales se encuentran parcialmente alterados por intervenciones modernas.
 
 
 
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